El Tercio Viejo se va de marcha por el rugby playa

Pues con muchas ganas, tras un tiempo ausentes por motivos sanitarios, el Tercio Viejo de Majadahonda acudió a su cita, en tierras cántabras, con ganas de disfrutar del torneo de Seven Playa de Noja.

El equipo formado para la ocasión lo conformaban jugadores de mucho oficio (mayoritariamente) y poderío físico, que además tuvieron la constancia de entrenar los meses precedentes de la mano de Kun. Eso se notó sobre la fina arena de la playa durante toda la competición.

El viernes, día antes del inicio de torneo, fueron llegando los distintos integrantes del equipo. Algunos vinieron solos, otros acompañados, pero el punto de encuentro común giró en torno a la “Casa con Jardín” que meses atrás se había reservado. Fue el cuartel general de la expedición.

La noche de bienvenida transcurrió entorno a la parrilla, con buenos alimentos y bebida, y en la mejor compañía posible. Se dieron distendidas conversaciones alejadas del mundo del rugby.

A la mañana siguiente, tronó la voz de Pelli despertando al personal de su apacible sueño. Cada uno de los 18 huéspedes dio un respingo de la cama, para acudir a la cocina, donde Peonzas, en los fogones, preparaba el “rancho” para todos. Había dos alternativas de desayuno; los jugadores comieron pasta a la boloñesa y café. Los acompañantes disfrutaron de otras viandas más habituales.

La llegada a la Playa de Trengandín, lugar de la competición, no fue especialmente agradable la fina lluvia y la brisa marinera que corría no invitaba nada a pasar un día de playa, pero sí a jugar al rugby. El Tercio había venido a jugar, había venido a competir.

Montaron su carpa en el punto más resguardado posible, con la excelente compañía de las Majadahonda Veteranas Classics al lado e iniciaron el pertinente ritual de todo jugador de rugby: ceñirse las vendas, esparcirse por el cuerpo las pociones mágicas para mitigar dolores o calentar la zona, limpiar los bucales, ajustarse los cascos…Empezaba el calentamiento.

Minutos antes de empezar la competición, el caprichoso tiempo del norte cambió. Dejó de llover, dejó de soplar el viento y dio paso a un agradable día nublado. Todo prometía. Sobre la arena el equipo escuchó, con gesto adusto y concentrado, las últimas consignas dadas por el capitán y el entrenador para todos y cada uno de los partidos que estaban por venir.

Ordenes claras, directas, donde cada jugador interiorizó su rol a la perfección. Sabían lo que tenían que hacer.

Gaztedi – Los amigos vascos poco tuvieron que hacer contra el Tercio. Una defensa absolutamente asfixiante y la contundencia en los placajes les impidieron siquiera aproximarse a la zona de marca. Por el contrario, los majariegos percutían con dureza su línea defensiva, con gente de tremenda fortaleza, ganando con cierta facilitad los contactos y generando un tremendo desajuste en su línea. Además, si los placajes resultaban efectivos, los apoyos ofensivos llegaban más rápido y fuerte, permitiendo relanzar el juego alegremente para aumentar el daño en el rival. El resultado fue cómodo para Majadahonda.

Universitario de Cantabria – Eran los rivales a batir. Entre otras cosas porque la final de hace unos años se disputó contra este equipo, decantándose por los locales.

Este fue otro partido. Rival con más oficio y técnica, pusieron las cosas muy difíciles desde el principio. De este partido destacaría el primer ensayo transformado por el equipo rival, donde gracias a una correcta circulación del balón, de extremo a extremo del campo, fueron capaces de detectar una situación de superioridad y aprovecharla. El primero, de los dos únicos ensayos concedidos por el Tercio en todo el torneo y absolutamente merecido.

Pero la intensidad defensiva de Majadahonda no bajó un instante. Se recuperaron muchos balones en los puntos de encuentro, chocaron violentamente en las fases de contacto, atacaron el espacio con determinación y movieron más alegremente el balón que en el primer partido. El rival así lo requería. Los ensayos fueron cayendo del lado de los madrileños y el nuevo pateador se mostró infalible (en el primer partido el Tercio sí falló varias transformaciones). El resultado pudo ser más abultado, pero se ganó con solvencia.

Tsunami – Contra este equipo amigo, con varios jugadores que defienden ambas elásticas, se vivieron, paradójicamente, los momentos de más tensión. De corte similar al nuestro, con gente veloz, técnica y muy fuerte, plantearon un partido de tú a tú al Tercio. Sólo los pequeños detalles, propios del desarrollo normal de un partido, y una defensa numantina de su zona de marca, por parte del Tercio, apuntalaron la ajustada victoria.

Final – Pues, nuevamente, se iba a disputar contra el Universitario de Cantabria, locales y organizadores del torneo. El Tercio Viejo abordó las horas previas con sosiego. Se les veía a los jugadores calmados,
descansando sobre la arena, paseando junto a la orilla del Cantábrico, tomando café en los bares aledaños….. Aunque estoy convencido que la procesión iba por dentro. Una final es una final. Puntual, a las 18.30, con el público agolpado entorno al campo y sobre el paseo marítimo de la playa, dio comienzo la gran final de veteranos.

Partido igualadísimo, de principio a fin, se decidió por el encadenamiento de dos errores, uno por equipo, y una acción brillante del Tercio. La intensidad del encuentro y los nervios se presuponen como en cualquier lance de estas características. El primer ensayo viene por la picaresca del medio melé visitante, quien levanta el balón desde un ruck ya formado, sin que tuviese oposición alguna, hasta ensayar. Un despiste defensivo que puso por delante a los de Majadahonda. Segundos después la alegría del Tercio se tornó en nervios cuando, tras recibir la patada de saque, los jugadores universitarios aprovecharon la indecisión de la zaga madrileña en el placaje para transformar bajo palos. Fue el único momento de bajón defensivo. Las siguientes fases del partido se caracterizaron por un equilibrio absoluto entre la defensa y
el ataque. Dos equipos muy serios que atacaban muy bien, pero defendían también muy bien. Sólo una acción individual permitió generar cierta incertidumbre en la defensa local que, tras el consiguiente placaje/ruck y rápida liberación del balón, genero un 3 vs 1 excelentemente resuelto por los madrileños.

Desde ese instante se vivieron momentos de mucha presión sobre la línea de ensayo de los visitantes; tremendas acometidas de los locales, que desesperadamente buscaban igualar el encuentro, agilidad de manos por su parte, determinación a la hora de atacar los espacios…..Pero, nuevamente, la defensa se mostró infranqueable . A cada empellón cántabro venía la contundente respuesta majariega. Sobre la bocina, a escasos metros de la línea de ensayo, el Universitario cometió un error de manos y se le cayó el balón hacia delante. Con esta última acción concluía el partido, desatándose la alegría entre los miembros del Tercio.

Hace unos años no se pudo conseguir, perdiendo en la final contra este mismo equipo. Ahora este grupo, mucho más cohesionado y trabajado que en la cita anterior, sí había sabido competir hasta el final y llevarse el título.

Lo ocurrido después todos los lectores se lo imaginarán; se celebró con ganas durante el resto de la tarde, noche y (algunos) parte de la madrugada. Particularmente mi fiesta termino el domingo sentado delante de un inmenso cachopo en Corrales de Buelna. Como marca la tradición.

¡Tercio campeón!

Participaron: Berrocal, Talona, Nico, Pro, Luis Padros, Rodrigo, Charles, Max, Alfredo, Fercho y Juanjo.